Por Javier Del Ponte. Psicólogo / Escritor.

Me vi avasallado por esa sensación de pequeñez, de insignificancia frente a la magna inmensidad del mar mientras la esperaba. Sabía que faltaba poco para volver a verla, sin embargo experimenté cada uno de esos segundos como si fueran una eternidad a la luz de los acontecimientos del día de ayer. Nuestras vidas se habían transformado increíblemente cuando se entrelazaron y dejamos de ser dos individuos para permitir que nuestras historias se juntaran. Desde ese momento hemos sido dos, pero dos sólo es posible por los unos, trascendiendo la cuenta individual pero sin anular lo singular.

Ver el mar me hizo retroceder la mirada, giré a mi izquierda y la vi transitar por ese camino ruinoso directamente hacia mí. No pude soportar ese tiempo de espera para abrazarla, quería tenerla en mis brazos, así que fui a su encuentro, tal como debería ser siempre, los dos unos aunando esfuerzos.

—¿Estás lista para hacer nuestra propia historia? —le pregunté regalándole una sonrisa.

—Ya has escrito la primera línea —me respondió besándome. —¿Nos vamos?

Respondí con una mirada y dimos marcha a nuestro camino, un camino que se corrió de la historia trágica de otros.

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