Por Hernán L’ Episcopo. Médico veterinario.

Como Médico Veterinario me toca todos los días atender mascotas que llegan a la camilla de mi consultorio. Claro que estas mascotas no vienen solas, por cierto vienen acompañadas de sus dueños. Si bien el mío es un trabajo como cualquier otro, es una satisfacción muy grande ayudar a los animales y conversar con la gente que los trae.

Día a día sigo descubriendo los beneficios que obtienen aquellas personas, de cualquier edad, por brindarles su cariño y cuidado incondicional a los animales. Sin embargo, debo confesar que cuando vienen niños se genera en mi interior una sensibilidad muy particular. Ingresan a la veterinaria pequeños infantes, acompañados siempre por un mayor, con su mascota en los brazos y una sonrisa que dibuja el aire. Perros y gatos en su mayoría, aunque a veces apuestan a otros ejemplares más curiosos como cobayos, erizos o conejos de orejas caídas.

Les contaba que no dejo de sorprenderme de las ventajas de crecer junto a un animalito. Podría enumerar un montón de ellas, incluso ustedes que en este momento me leen podrían aportar algunas que tal vez aún no descubrí. Éstas son las mías, empiezo por sorprenderme cuando le pregunto cuál es el nombre del nuevo paciente que hoy me toca atender, y los curiosos nombres, que en su mayoría son elegidos por los pequeños de la familia, me roban sonrisas. El grado de ocurrencia es increíble. Se imaginarán que mis pacientes llevan nombres de súper héroes de los dibujitos, o nombres de personajes de películas infantiles. Nombres elegidos siempre bajo la complicidad de mamá o papá. Primera ventaja entonces: la posibilidad de elegir y tomar decisiones desde pequeños. Sin olvidar la responsabilidad que ello implica.

Otra ventaja, es hacerles saber desde chicos que un animalito no es un juguete, que necesita cuidados, como ser cuidadosos a la hora de darles de comer, limpiarlos, sacarlos a pasear (si así lo permite la mascota en cuestión), tratarlos con cuidado, respeto y amor. Un niño que desarrolla tolerancia con una mascota probablemente sea un niño tolerante con sus pares, es decir con otros niños. Generalmente sugiero que los padres les den pequeñas responsabilidades a sus hijos, haciéndolos participar en forma activa del cuidado de la mascota con tareas diarias, como por ejemplo, fijarse si el animal tiene agua o comida.

Si hay hermanitos, así como debemos desde chiquitos compartir el amor por mamá y papá, también es un beneficio aprender a compartir el cariño por una mascota.

Otra ventaja tiene que ver con la lectura, con el pasar de las consultas, observo cómo muchos niños al volver a los controles indicados por mi parte, agudizan sus preguntas sobre la vida de este nuevo ser querido que ha ganado su corazón. ¡¡Y a no subestimar jamás ninguna de sus inquietudes!! Hacen preguntas que van desde el comportamiento hasta curiosidades propias de los animales. Puedo captar en sus miradas el interés. ¡Qué ventajoso es aprovechar este ímpetu por la lectura que se despierta en los niños e incentivarlos a descubrir aspectos propios de sus mascotas como características de las razas, si es que las tuviera, conducta, alimentación y demás!

Los observo e imagino que a lo largo de la vida irán coleccionando una serie de recuerdos entrañables con su compañero de aventuras: paseos, corridas al veterinario, siestas en el sillón, desorden en el jardín, una remojada en el río, trepadas en el árbol de la plaza, escondidas en casa. Lógicamente las rutinas, los juegos, el ambiente y las circunstancias irán cambiando con el paso de los años. Quizá, al llegar la vejez, ese animalito conocerá sus horarios, seguirá sus movimientos, leerá sus gestos, hará trucos y mimos para llamar su atención, compartirán la siesta, ver televisión.

Claro que en algún momento nos debemos enfrentar a los sinsabores de la vida, porque el animal también envejece y a menudo se enferma. Pero creo que no hay razón para privarse de la maravillosa aventura de compartir la vida con ese compañero fiel.

Ya sea para usted, para sus hijos, o nietos, no importa la edad, sinceramente hoy, si me dieran a elegir, sigo eligiendo que mi hijo crezca y pase por la experiencia de tener un animal.

He tratado de compartir algunas de las experiencias que me han dejado estos casi 10 años de Veterinario, situaciones cotidianas que rescato de mi trato con las personas que aman a los animales.  Me despido con una frase que alguna vez leí, y que se le atribuye a Gandhi, dice así:

“La grandeza de un pueblo se juzga por cómo trata a sus animales”.

Sólo me queda agradecerles haberme acompañado en esta nota, aprovecho a saludarlos.

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