Gerardo Quilici nos recibe en su casa una agradable tarde de otoño. En su oficina/estudio repleta de discos, fotos y recuerdos, nos ofrece una charla llena de anécdotas de una vida rica y llena de proyectos.

Tanguero desde la panza (como se define), ha dedicado su vida a hacer conocer a los grandes del tango. Nosotros queremos saber más, y él nos deleita con sus historias.

 

Empezamos por preguntarle cómo arrancó todo, y no hizo falta más.

Gerardo Quilici: “Yo era viajante, y un amigo tenía una mueblería en San Nicolás, así que yo iba de acá para allá, nos veíamos casi todos los días. Un día me dice -“Vos sabés que se inaugura una radio acá”-. Yo andaba con la radio todo el día y una mañana la escuche. Estaban probando la emisión.

Me dijo -“Pregunté la posibilidad de hacer un programa de tango y me dijeron que sí, que podía ser”- A todo esto, yo jamás había hecho radio ni nada. –“Ya está todo arreglado, podemos hacer un programa todos los domingos”-. Yo creí que me pedía llevar material y elegir qué poner. Y mi amigo me dice: -“No, vos lo tenés que hacer”- (risas).

Le digo, “¡No! ¿Estás loco vos? Jamás ¿Cómo voy a hacer yo un programa?”.

Claro mi amigo me pintó bien, que tenía buenos antecedentes, que estudiaba…que tenía un nivel más o menos. Me querían conocer, pero yo no quería ir… Y bueno, me llevaron mis amigos, me convencieron.

Yo tenía 28, pero parecía de 20…era un nenito. Me hicieron una prueba de voz, la di y me dijeron que sí. Ahí me asusté del todo (risas) Y les dije: no puedo. Porque en esa época la radio se trabajaba parado. Había un atril donde estaban los avisos que se leían, pero era de parado…. y a mí me temblaban las piernas, me salía la voz como una oveja. Pero me ayudaron, me dijeron que grabe los programas. Así que los primeros programas los hice grabados… y así empezó todo, allá por el año 1969… que sigue hasta ahora.

 

Lo bueno es ver que todavía hoy es una pasión.

GQ: Y sigue siendo… yo espero el momento de la tarde…ahora es más corto el programa, así que tengo que armar una hora, pero es el momento más lindo de la tarde, cuando me encierro acá, a ver qué puedo hacer…

 

Su colección de discos es impresionante.

GQ: Lo más clásico lo tengo aquí, pero no quiero pasar sólo lo clásico. Igual me encanta hacerlo. Arriba tengo un altillo lleno de discos de pasta, muchos son regalos de oyentes y amigos. Los tenés que tratar como una dama, porque se rompen. Se reproducían en las vitrolas, que andaban a manija. Escuchar a Gardel ahí, es lo más lindo.

 

Sabemos que ha recibido muchos reconocimientos a lo largo de su carrera, a propósito de esto ¿Cuál es el recuerdo o la anécdota que atesora más, el más significativo?

GQ: La verdad es que no sé cuántos premios tuve… pero el que más recuerdo, supongo por lo que significó en aquel momento, fue en mis comienzos en radio San Nicolás, que como es provincia de Buenos Aires, dependía de la radio Lc 11 que era una radio estatal. Hicieron un concurso, como hacen ahora el Martin Fierro. Un concurso de las distintas emisoras de Buenos Aires, de distintos rubros. Y yo gané la de tango.

¿Y sabes que regalo valoro más? Hará cuatro cinco años me dejaron en la puerta de la radio un paquete enorme. Dije yo ¿qué es, una tabla de picar carne? Y entonces lo abro y adentro venía una carta. Lo envió un preso. Un tipo que estuvo encerrado un montón de tiempo y en ese tiempo yo fui como su compañía…es el laburo de un preso, una tabla tallada en madera. Tiene un valor especial para mí.

 

También sabemos que le pusieron su nombre a una calle.

GQ: Si, una esquina. Bueno esa fue una sorpresa. Yo estaba en la Casa del Tango, en una tertulia. Mis amigos cuando me tenía que ir, me retenían. Cuando salgo oigo un bandoneón y digo “este es Carlitos, mi hijo”. Y dando la vuelta en la esquinita, veo que estaba mi nieto, todos, y Carlitos me hacía gestos. Y los vi. Se me cayeron unas lágrimas, me emocioné mucho. Fue una gestión de Cultura, porque ellos me tienen mucha estima, por los años. Viste, no es nada fácil.

Después algunas distinciones la Cámara de Senadores, me ha dado reconocimiento por la labor cultural. Pero esta la valoro en otro sentido (señala la tabla) lo estimo más.

Es saber la fibra que tocaste en alguien…

Lo que más me llega es el afecto de la gente, la gente del tango por lo general es muy afectuosa. Cuando estaba en canal trece, en el programa De 12 a 14… cuando estás en la tele te conoce todo el mundo… iba por la calle caminando y la gente me frenaba a saludarme… pero no cholulamente, de buena onda… ese afecto es lindo, te renueva el entusiasmo y las ganas.

 

Y Usted a la gente, ¿cómo le devuelve ese afecto, que mensaje le quiere hacer llegar?

GQ: Yo quiero hacer llegar buena onda, no estoy fingiendo tras un micrófono. La gente me hace saber que reciben mucha calidez. Yo no me doy cuenta a veces, pero evidentemente algo pasa.

Por ejemplo una mujer que escribe porque quería escuchar a Gardel, y me decía cuánto la había ayudado, que había perdido una hija, y que ella a la noche encontraba paz escuchando el programa.

 

¿Nos cuenta un poco más sobre las tertulias?

GQ: Las tertulias llevan seis años en La Casa del Tango, comenzamos con Eduardo Serenelli, también solía venir Raúl Mendoza, con el objeto de reunirnos a charlar de tango, tomar mates. Al principio con poca promoción, pero uno le aviso a otro…y empezó a venir un grupito de gente. Entre ellos, una señora que tocaba piano, otro que le gustaba cantar… y así fue, se empezó a hacer una reunión todos los viernes de hace ya seis años y participan la mayoría todos aficionados.

Ahora se han ido perfeccionando todos, yo me doy cuenta cuando respiran, que van a estudiar canto. O sea que incentiva a la gente a tener una preocupación, a superarse y venir los viernes y cantar ahí. Otro señor toca la armónica, otros recitan poemas de tango. Incluso se han hecho grupos entre ellos que se reúnen en casa de familia para ensayar, ahora cantan con pistas y va mucha gente.

Por un feriado que cayó viernes no se hizo la tertulia, entonces hicimos el sábado una “de gala”. Esto significa que cantan sobre el escenario. Vos tenés que ver, las mujeres fueron a la peluquería, se arreglaron, o sea que las motiva.

Es todos los viernes 17 horas. Y viernes por medio con Mario Gione, hacemos “El tango y la pantalla”. Después de la tertulia se monta la pantalla y proyectamos películas y compilados acerca del tango, vamos comentando lo que se va viendo.

Acá lo que pasa es que no se conoce nada, se ha ido perdiendo. Es como en la historia, si no tenés pasado no tenés futuro.

 

¿Qué proyectos tiene a futuro?

GQ: La radio está todas las noches de lunes a viernes en radio dos o lt2, de 23 a 1.

Hay un proyecto que está tomando forma…La Casa del Tango va a tener un programa propio en la FM Tango, los domingo de 11 de la mañana a la una de la tarde. Lo vamos a hacer Eduardo Serenelli, Ricardo Paraíso, yo y una colaboradora, Nidia. Somos toda gente de La Casa del Tango.

 

Para terminar, ¿Quién es Gerardo Quilici hoy?

GQ: Soy el mismo de ayer y de toda la vida. El muchacho del café, el tipo del barrio…Sigo siendo la misma persona, nada más que por ahí en ciertos lugares o circunstancias, que ante los ojos de cierta gente soy un tipo reconocido… pero el mismo de siempre. Como era, soy y seguiré siendo.

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