Por Evangelina Amat. Psicóloga.

“Poco se logra de aquellos de quienes poco se espera.”
─ F. N. Watts y Bennet, 1993

Cuenta un mito griego, que “Pigmalión”, era un gran escultor que se enamoró de una de sus obras, llamada Galatea. Era tal su amor y enamoramiento hacia la escultura que comenzó a tratarla y a vivirla como si fuese realmente una mujer de carne y hueso.

La diosa Afrodita al ver tan grande amor, luego de un sueño que tiene Pigmalión, le concede sus deseos y convierte así a la escultura Galatea en una mujer real (la mujer de sus sueños).

De este mito deriva el actual “Efecto Pigmalión”, para explicar el fruto que se obtiene al esperar y creer en algo.

Las primeras investigaciones al respecto fueron llevadas a cabo por Rosenthal y Jacobson en 1968 en el ámbito educativo: “Basado en un experimento real: Se forma una clase de colegio con alumnos iguales, sin diferencias intelectuales, todos capaces de realizar la misma tarea con resultados similares (aprobar el curso). A un profesor se le saca de clase, y se le dice qué alumnos tienen una capacidad más elevada de la media, y un gran futuro. También se le dice que ciertos alumnos tienen una capacidad más limitada que la media, y que no llegarán muy lejos. Todo ello en realidad es mentira, pero al finalizar el curso se observa que aquellos alumnos de los que se esperaba un alto rendimiento lo tuvieron, y aquellos de los que se esperaba un bajo rendimiento tuvieron unas calificaciones mediocres. Ha ocurrido el efecto Pigmalión. El profesor ha tratado de forma diferente a los alumnos de los que esperaba un alto rendimiento, preguntándoles más en clase, retándoles con desafíos intelectuales. Los alumnos que se consideraban más atrasados se les ignoraba y no eran estimulados.” (Fuente: wikipedia)

Dicho “efecto” puede ser una herramienta a utilizar de forma positiva o negativa en los distintos ámbitos de nuestras vidas no sólo en la educación. Hablaremos de su influencia positiva.

Parece ser un efecto mágico, pero no lo es. Este efecto está relacionado con la motivación, las creencias, esperanzas y objetivos que tengamos para nosotros mismos y para los demás.

Llevado al ámbito de aquellas personas que se encuentran atravesando alguna dolencia, enfermedad o discapacidad, sea transitorias o permanentes, es muy importante poder motivarlos a realizar tareas que puedan hacer por sí solos y no creer que, por ejemplo, si tuvo un infarto, no pueda él mismo cocinarse o salir solo a realizar las compras. Ya que repitiendo este tipo de conducta lo que hacemos es tratar a la persona “como si fuera un niño”, por miedo a que le pase algo al intentarlo o por lo contrario, que no pueda lograrlo, quitándole toda autosuficiencia que tenía antes del padecimiento.

Esto impide que se realice el duelo correspondiente ante la pérdida de aquellas actividades, capacidades o funciones que se han perdido luego de algún accidente o enfermedad.

Es muy importante que todas las tareas diarias que pueden ejecutar solos, así las realicen, por más que nos parezcan cosas tontas, como por ejemplo, servirse un vaso de agua, regar las plantas, doblar su ropa, etc.

Estas actividades diarias les dan poder de independencia y libertad, que muchas veces sienten que las han perdido. Permitiendo de esta forma que la persona no pase a un estado de pasividad y dependencia. Sino que pueda resurgir y hasta ser motivado por sus propios deseos de emancipación y autosuficiencia, producto de nuestra percepción y esperanza acerca de sus capacidades.

Es decir nuestro familiar que se encuentra atravesando una difícil situación, se va a orientar y comportar según nuestras percepciones, expectativas y motivaciones, que le transmitimos con palabras y conductas, tanto de la situación en la que se encuentra como de su diagnóstico y sobre todo del pronóstico.

Hay que adaptarse y mantener un equilibrio entre: no exigirle o no dejarlo hacer nada porque “pobre está enfermo o no va a poder” y demandarle cosas que sabemos que son inalcanzables, que si bien antes del padecimiento actual lo realizaba sin dificultad, ahora no lo puede llevar a cabo.

Conclusión

Somos como los demás esperan que seamos. Las personas no reaccionamos de “x” forma ante una situación porque sí, la reacción va a estar influenciada no sólo por nuestra vida personal, familiar, socioeconómica y cultural, sino también por las percepciones, creencias, fantasías, ideas, esperanzas, etc., propias y de aquellas personas que son significativas para nosotros. Por lo tanto es una herramienta que podemos utilizar a favor de la buena recuperación de nuestro ser querido.

Para contradecir la cita del encabezado y culminar, diría que: “Mucho se logra de aquellos de quienes mucho se espera”.

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